El odioso balance (2011)
Podría empezar a contar el motivo por el cual hace tanto que no escribo acá, pero el post en sí va a terminar dejándolo claro. Arranqué el 2011 cerrando y dejando atrás uno de los mas complicados de mi vida, donde tuve que golpearme fuerte y caer para salir adelante con lo que había aprendido. La fuerza renovada que todo eso me daba cuando empezaba este año me hizo replantearme muchas cosas, algunas lindas y otras no, pero que en combinación me cambiaron en muchos sentidos si bien en ese momento aún no me daba cuenta. Me había vuelto alguien en un gran porcentaje diferente a la que fui. Mas allá de que a la larga es bueno y te ayuda a conocerte, fue un proceso larguísimo que tuve que intentar tomarme con calma. Pero pude estar bien. Incluso empezaron a pasar cosas que creía buenas y que no pensé que podían pasar.
Hasta que llegó la mitad del año y empezó la cadena de momentos que se encargó de sacarme esa fuerza. Mi vieja estuvo complicada de salud y no volvió a ser la misma que era, lo que generó que no solo obviamente nos angustiemos, sino que se forme una rutina completamente nueva y en muchos casos desgastante. Me apoyaba con mis amigos, mi laburo y con otras situaciones que me hacían bien.
Pero ahí empezaron a desaparecer esas cosas. Algunos amigos quedaron atrás y aparecieron problemas laborales que por suerte ya están algo mas solucionados. Cuando pensaba que ya estaba, que había sido difícil pero tenía cosas lindas en mi vida por las cuales salir adelante, esa situación que me hacía bien también desapareció y de la forma mas irracional.
Los que me conocen saben que si aprendí algo el año pasado es que uno siempre puede “agarrarse” de lo bueno para ser mas fuerte, que de por sí uno es mas fuerte de lo que cree y que siempre, pero siempre, vale la pena pelearla. No dejé de saberlo, lo llevo adentro quiera o no, pero esta vez costó. No solo porque cada cosa dolió sino porque se unió a lo que ya había dejado atrás de tal forma que terminé pensando que no recuerdo cuando fue la última vez que pase unos meses sintiéndome realmente bien, sin un solo problema. No digo un año, felicidad eterna o algo así. Simplemente un mes bien. Y no pasó. O cuando pasó me lo hicieron comer de la peor forma.
Odio hacer balances, siempre lo odié, pero nunca pude evitarlo. Soy analítica por naturaleza, pienso mucho y en fechas asi donde se va el año y cumplo otro yo, algo dentro mio empieza a hacerlo por su cuenta sin importar la fuerza que haga.
Este fue sin dudas el año que mas me costó encontrar cosas buenas. No porque sean cosas mas “graves” porque eso depende de muchas cosas. De como pasaron, del momento en el que estás de tu vida, de lo que aprendiste y lo que no, etc. Pero recuerdo que siempre, en todos mis balances, lograba sacar una mayor parte buena y este no pude.
Sin embargo, hay cosas que si valen, muchísimo. Cuando pasás momentos así te das cuenta quienes realmente te quieren y quienes son los amigos de verdad. Esos que están cuando estas feliz, normal, triste o directamente quebrada. Tengo suerte (no me explico el motivo) de estar cerca de mucha gente así. La primera persona que me viene a la cabeza no solo está presente siempre desde hace ya un tiempo sino que sin saberlo me hace fuerte en cada momento complicado, incluso cuando no se los cuento. El simple hecho de saber que “está” en mi vida me hace feliz (si lee esto va a saber quien es, espero
). Poca gente tiene la suerte de tener cerca alguien así y soy consciente de eso. Por otro lado, tengo amigos increíbles que me bancan incluso cuando mas insoportable estoy y me retan cuando me lo gano porque realmente quieren que esté bien. Y si pienso en cosas lindas de mi vida, siempre están mis sobrinas, que superan todo de una forma inexplicable que posiblemente solo entiendan los tíos/as.
Sigo creyendo en eso que ya comenté por acá alguna vez. Uno es feliz de a momentos y tiene que disfrutarlos con todo para poder “guardarlos”. Siempre hay que intentar correr a un lado la situación que nos esté afectando y pensar aunque sea un minuto en aquello que sí hace bien (la familia, la gente cercana, trabajar de lo que uno ama, disfrutar una actividad, las cosas “chicas” que en realidad no lo son). Siempre intento ser agradecida con eso, como les comenté cuando hablaba de mi tatuaje. Hace tiempo me prometí no olvidarme de esto y no lo hago. Simplemente soy humana y a veces cuesta pero no por eso deja de estar empujándome para adelante. A pesar de todo sigo intentando disfrutar cada momento lindo, cada café con mis amigos, cada rato que paso con una persona importante, la música, las charlas, dibujar, ir a caminar, reírme, todo momento que pueda sacarme una sonrisa. Es la única forma de vivir realmente, aprender eso.
En resumen, lo mejor de este año fue conocer a varios de mis amigos y sentirme acompañada por los que siempre estuvieron. Eso vale por todo el resto. Y si algo duele, que duela. Voy a poder, siempre pude.
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